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Rehabilitación & Fisio

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07/Dic/2021

El evento vascular cerebral, comúnmente conocido como embolia, es la causa más importante de discapacidad perma­nente en el adulto, la segunda causa de demencia tras la enferme­dad de Alzheimer, y el motivo más frecuente de hospitalización neurológica.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, constituye la segunda causa de muerte y su aparición se incrementa de forma progresiva con cada década de vida que pasa después de los 55 años de edad. El evento se puede volver a presentar en un 10 a 20% de los casos en los siguientes dos años.

Se trata de un cuadro de inicio súbito, con un déficit neurológico focal, aunque ocasionalmente puede presentarse con progresión gradual.

Las manifestaciones dependen del sitio del cerebro que se afecta aunque frecuentemente son de un solo lado, e incluyen problemas para hablar o entender lo que se dice, problemas para ver, falta de fuerza de una parte del cuerpo y pérdida de la sensibilidad

Existen factores de riesgo para este padecimiento y estos corresponden a todas aquellas características biológicas o hábitos que condicionan mayor probabilidad de presentarlo. Algunos se pueden cambiar (modificables) y otros no(no modificables)

Son factores de riesgo modificables la presión arterial alta, el tabaquismo, la diabetes, el colesterol alto; algunos hábitos dietéticos como el excesivo consumo de sal, grasas, y la deficiencia de vitamina B.

Los factores de riesgo no modificables son la edad (aumenta al doble en cada década de vida a partir de los 55 años), sexo (los hombres tienen mayor riesgo), antecedentes en la familia (da mayor susceptibilidad)

Son factores protectores el consumo de pescado al menos una vez por semana y el consumo de tres o más piezas de fruta al día; así como el ejercicio moderado, durante al menos 30 minutos diarios.

Un elevado porcentaje de personas que sufre un evento vascular cerebral queda con alguna secuela, como por ejemplo falta de movimiento de una parte del cuerpo, problemas de equilibrio, de memoria, en el aprendizaje, problemas para hablar, dolor o alteracio­nes emocionales. Esto ocasionará que entre un 35 y un 45% de las personas se vuelva dependiente en forma parcial o completa para realizar sus actividades de la vida diaria

Aproximadamente el 50% de las personas que tuvieron un EVC, necesitará de rehabilitación por presentan limitaciones físicas que repercutirán en su desempeño diario, tanto en actividades del hogar, trabajo, actividades recreativas y en general en su participación en la sociedad.

Los programas de rehabilitación, siempre dirigidos por el médico especialista en Rehabilitación, se pueden iniciar desde que el paciente se encuentra hospitalizado, con el objetivo de disminuir complicaciones que se pueden presentar por la falta de movimiento. Y una vez que se da de alta se realiza un programa individualizado para tratar de organizar su funcionamiento, y readaptarlo a su ambiente, evitando el sedentarismo, volviendo menos evidente la deficiencia resultante y aprovechando las capacidades residuales; al mismo tiempo que se alienta a una prevención secundaria que es la modificación y tratamiento de aquellas condiciones que provocaron el evento vascular cerebral y que de continuarse incrementarían la posibilidad de presentar uno nuevo.


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